Guzmán, protagonista en ausencia

Fabrizio Zotta

En la primera línea de la gestión pública, y sus laberintos políticos, no hay margen para la ingenuidad. El ministro de Economía, Martín Guzmán, fue el protagonista de la semana sin hablar.

Para qué, si todos hablan de él. Pero, en un foro Económico que se llevó a cabo en Neuquén y que lo tuvo como orador de cierre, el funcionario utilizó la sutileza para estabilizarse en la cuerda floja, y dijo: “Mi función es dedicarme 100% a la gestión y no inmiscuirme en disputas de poder”. En 15 palabras, muchas cosas.

En primer lugar, la respuesta a Andrés Larroque, ministro de Desarrollo de la Comunidad de la Provincia de Buenos Aires, para quien el ministro Guzmán tiene de rehén a la coalición del Frente de Todos, sin ostentar ningún tipo de representatividad política. “No lo votó nadie”, explicó, confundiendo quizá representación con delegación de atribuciones. A él tampoco lo votó nadie, y sin embargo su tarea goza de la legitimidad de las atribuciones del Poder Ejecutivo, quien se encarga de elegir a los ministros.

Pero, más allá de la formalidad institucional, lo que Larroque puso en tensión fue que Guzmán no expresa el proyecto político a través del cual llegó a conducir los destinos de la economía argentina, y por extensión, el presidente tampoco.

Guzmán se aferra a un medido discurso técnico, sin los condimentos políticos de cuando dijo “nosotros vamos a gobernar con los que están alineados”, algo que no le sienta bien y pone en un brete incómodo a su jefe político, único sustento de su permanencia en el cargo.

También el ministro se diferenció de la concepción distributiva que muchos simplifican con el mote de populista. Esta es la discusión de fondo. Lo que se está jugando no es simplemente una cuestión de nombres, sino el fundamento propio del gobierno del FDT. Hay una tensión, que Guzmán se encarga de resaltar hábilmente, entre los vaivenes políticos de la lucha por el poder y la necesidad de ser coherente con el rumbo que refrendó el Congreso hace tan poco tiempo. 

Desde la concepción del ministro, volver atrás es sumar más incertidumbre, menos confianza y la improvisación que tan mal cae fuera de las fronteras nacionales. Para Larroque, Cecilia Moreau y el propio Máximo Kirchner, que salieron a cruzar a Guzmán esta semana, la cuestión es la distribución a corto plazo, sin demasiado conflicto con lo intempestivo, lo espasmódico, lo contradictorio y hasta el capricho. Porque, en esto, el ala dura del FDT se puso keynesiana. Es conocido el apotegma del economista más odiado por Milei: “En el largo plazo estaremos todos muertos”. 

Guzmán, a falta de consensos y apoyos políticos, necesita que el tiempo vaya licuando deudas, pesos y problemas. La política, en cambio, sólo puede pensar en mañana.