Una pandemia hecha a medida para cada uno

La pandemia y sus derivados (cuarentena, economía, vacuna, ranking de contagios, casos diarios y un largo etcétera) pareciera omnipresente en nuestras conversaciones de hoy. Como en otros casos de conmoción, se está dando una retroalimentación entre todos los planos: medios, política, referentes de la opinión, menciones en redes, discusiones en público y en privado. Todo se circunscribe al mismo tema, porque pareciera imposible hablar de otra cosa.

Algunos números: del relevamiento de notas periodísticas del mes de julio en la prensa gráfica de Mar del Plata, sobre un total de 1484 notas de la sección Salud (la más numerosa en el mes), 1464 refieren a la situación del COVID-19 en Mar del Plata; y el 50,67% de todo lo informado en las secciones Nacionales, Política, Provinciales, Zonales y Sociedad habla sobre el coronavirus. La siguiente sección, con mayor relevancia en cantidad de notas, fue Internacionales, por idénticas razones. Es decir que de 7990 notas publicadas entre el 1 y el 31 de julio en los portales relevados la preeminencia, ampliamente, se la lleva un único y persistente tema.

Así, los medios reinventan contenidos sobre lo mismo hasta la repetición, y las audiencias responden con contradicciones: consumen con voracidad la información (ratings, cantidad de clics, menciones en redes sociales, lo confirman) pero también dicen basta, pasemos a otro tema. Demandan explicaciones y directivas claras, pero cuando las tienen les molestan un poco. El miedo de hoy se les mezcla con las ganas de salir, de reunirse; y el miedo de mañana, con la incertidumbre por lo que viene.

El orden de las noticias tiene influencia sobre el público, porque cambia prioridades: fija la atención en un tema. Eso repercute en la formación de comunidades en las redes que comparten mismos intereses, valoraciones, creencias sobre las noticias. Así se termina de construir la agenda, como si fuera una burbuja: medios tradicionales y redes gestionan nuestras conversaciones cotidianas. Y nuestras conversaciones, a su vez, retroalimentan la agenda. Mientras tenemos las pantallas prendidas estamos en ese laberinto.

Pero la presencia dominante del tema no alcanza para torcer el comportamiento, y la cuarentena se levantó de facto, y ya no importa tanto lo que está permitido o no, sino que cada uno arma su propia percepción del riesgo: respeta y vulnera por igual diferentes aspectos de las prohibiciones, sin contradicción aparente.

Estamos -también- en el pico de la repetición sobre la conducta esperable del ciudadano: los consejos de especialistas son coherentes, claros y pocos: salir lo menos posible, cumplir protocolos, evitar reuniones. Este contenido noticioso tiene algún valor:  se mira, se escucha y se lee sobre esto. Pero, con la conducta pasa otra cosa y, de algún modo, actuamos según nuestras propias reglas, seleccionando lo que no nos haga pelearnos demasiado con nosotros mismos.

Por eso, desde el gran interés por el consumo de noticias, desde la maraña de lo que consumimos todo el tiempo, el público parece decir: si nadie sabe nada, hay lugar para una pandemia a medida de cada uno, para protocolos tan propios que daría pudor revelarlos. Hacemos lo que se puede, pero también lo que no, armando un mundo en el que no dejamos entrar a las contradicciones: después de todo, a nadie le gusta la incomodidad.

 

Por Fabrizio Zotta
Director Analipsis

Nota publicada en infobrisas.com